Píldoras de Bienestar de la Escuela de Vida: Gestión Psicoemocional (XII)

La Escuela de Vida de la Fundación Sandra Ibarra nace con el principal objetivo de mejorar el bienestar y la calidad de vida de los pacientes y supervivientes de cáncer, y sus “Píldoras de Bienestar” pretenden, estos días más que nunca, acercar el bienestar a todos los pacientes y supervivientes a través de ejercicio físico, la relajación, la nutrición saludable y, una de las cosas que consideramos más importantes: el cuidado de nuestra salud mental y emocional.

Las Píldoras de bienestar de la Escuela de Vida son ofrecidas por profesionales expertos en las diferentes áreas, y en el caso de la psicología contamos con la colaboración del Centro Psicosanitario Galiani de Sevilla, que se han convertido en un referente en el apoyo psicoemocional en estos tiempos de confinamiento e incertidumbre.

“No busquéis que lo que os escribo sea perfecto, sino que os ayude a perfeccionaros a vosotros mismos» José Antonio Galiani. Psicólogo.

1-CÓMO DESCUBRIR NUESTRA VERDADERA ESENCIA

Nuestro sentido de lo que somos determina cuáles han de ser nuestras necesidades y las cosas a las cuales les atribuiremos importancia en la vida. Y TODO AQUELLO QUE NOS PAREZCA IMPORTANTE TENDRÁ EL PODER DE PERTURBARNOS E IRRITARNOS.

Esto se puede utilizar como criterio para descubrir hasta qué punto nos conocemos a nosotros mismos. Lo que nos importa no es necesariamente lo que expresamos ni aquello en lo cual creemos, sino aquello que se manifiesta como serio e importante a través de nuestros actos y de nuestras reacciones.

Entonces conviene preguntarnos: «¿Cuáles son las cosas que me irritan y me alteran?» SI LAS NIMIEDADES TIENEN EL PODER PARA MOLESTARNOS, ENTONCES ESO ES EXACTAMENTE LO QUE CREEMOS SER: UN SER INSIGNIFICANTE. Esa será nuestra noción inconsciente.

¿Cuáles son las cosas insignificantes? En últimas, todas las cosas son insignificantes, porque todas las cosas son transitorias.

El negocio, el dinero, el contrato, la pérdida o la amenaza de pérdida son más importantes. ¿Para quién? ¿Para nuestra Conciencia? No, para mí. Para ese pequeño yo que busca la seguridad o la realización en cosas transitorias y que se enoja o se pone nervioso cuando no las encuentra. BUENO, POR LO MENOS AHORA SABEMOS QUIÉNES CREEMOS SER REALMENTE.

Si la paz es realmente lo que deseamos, debemos elegir la paz. Si la paz fuera más importante para nosotros que todo lo demás, y si supiéramos de verdad que somos Conciencia en lugar de un pequeño yo, no reaccionaríamos sino que nos mantendríamos totalmente alertas frente a situaciones o personas difíciles.

El mundo siempre se encarga de que no nos engañemos durante mucho tiempo acerca de lo que pensamos ser, mostrándonos las cosas que realmente nos importan. La forma como reaccionamos ante las personas y las situaciones, especialmente en los momentos difíciles, es el mejor indicador del conocimiento real que tenemos de nosotros mismos.

Mientras más limitada y más egoísta sea nuestra idea de nosotros mismos, más atención prestaremos y más reaccionaremos ante las limitaciones del ego, ante la inconsciencia de los demás. Los «defectos» que vemos en los otros, se convierten, para nosotros, en su identidad. Eso significa que veremos solamente el ego en los demás, reforzando así el nuestro. En lugar de mirar «Más allá» del ego de los demás, fijamos nuestra atención en él. ¿QUIÉN VE EL EGO? NUESTRO EGO.

Las personas que viven en estado profundo de inconsciencia experimentan el ego viendo su reflejo en los demás. Cuando reconocemos que aquellas cosas de los demás que nos producen una reacción son también nuestras (y a veces sólo nuestras), comenzamos a tomar Conciencia de nuestro propio ego.

En esa etapa es probable que también nos demos cuenta, que quizás les hacíamos a los demás lo que pensábamos que ellos nos hacían a nosotros. A PARTIR DE ESE  CONOCIMIENTO, DEJAMOS DE CONSIDERARNOS VÍCTIMAS.

Puesto que no somos el ego, el hecho de tomar conciencia sobre él no significa que sepamos lo que somos: SÓLO RECONOCEMOS LO QUE NO SOMOS. Pero es gracias a ese conocimiento de lo que no somos, por lo que logramos eliminar el mayor obstáculo para llegar a conocernos realmente.

Nadie puede decirnos lo que somos. Sería apenas otro concepto más, incapaz de cambiarnos. La noción de lo que creemos ser también está íntimamente relacionada con la forma como percibimos el tratamiento que recibimos de los demás.

Muchas personas se quejan de que los demás no los tratan como se merecen. » No me prestan atención, no me respetan, no reconocen lo que hago», dicen. » Es como si no existiera». Cuando las tratan con amabilidad sospechan de algún motivo oculto. «Los otros tratan de manipularme y aprovecharse de mí. Nadie me quiere».

Esto creen ser: «soy un pobre ser necesitado, cuyas necesidades están insatisfechas». ESTE ERROR FUNDAMENTAL DE INTERPRETACIÓN CREA DISFUNCIÓN EN TODAS SUS RELACIONES. Creen no tener nada que dar y que el mundo o las demás personas les niegan lo que necesitan. Su realidad se basa en una noción ilusoria de lo que son, la cual sabotea todas las situaciones y empaña todas las relaciones.

Si la noción de carencia, trátese de dinero, reconocimiento o amor, se convierte en parte de lo que creemos ser, siempre experimentaremos esa carencia. EN LUGAR DE RECONOCER TODO LO BUENO DE LA VIDA, LO ÚNICO QUE VEMOS ES CARENCIA.

Reconocer lo bueno que ya tenemos es la base de la abundancia. El hecho es que cada vez que creemos que el mundo nos niega algo, le estamos negando algo al mundo. Y eso es así porque en el fondo de nuestro ser pensamos que somos pequeños y no tenemos nada que dar.

LA FUENTE DE TODA ABUNDANCIA NO RESIDE FUERA DE NOSOTROS, ES PARTE DE LO QUE SOMOS. Sin embargo, es preciso comenzar por reconocer y aceptar la abundancia externa. Reconozca la plenitud de la vida que nos rodea: el calor del sol sobre su piel, la magnificencia de las flores en una floristería, el jugo delicioso de una fruta o la sensación de empaparse hasta los huesos bajo la lluvia.

Encontramos la plenitud de la vida a cada paso. RECONOCER LA ABUNDANCIA QUE NOS RODEA DESPIERTA LA ABUNDANCIA QUE YACE LATENTE DENTRO DE NOSOTROS Y ENTONCES ES SÓLO CUESTIÓN DE DEJARLA FLUIR. Cuando le sonreímos a un extraño, proyectamos brevemente la energía hacia afuera. Nos convertimos en dadores.

PREGUNTÉMONOS CON FRECUENCIA, » ¿qué puedo dar en esta situación, cómo puedo servirle a esta persona, cómo puedo ser útil en esta situación?» No necesitamos ser dueños de nada para sentir la abundancia, pero si sentimos la abundancia interior constantemente, es casi seguro que nos llegarán las cosas. La abundancia les llega solamente a quienes ya la tienen. Suena casi injusto, pero no lo es. Es una ley universal. Tanto la abundancia como la escasez son estados interiores que se manifiestan en nuestra realidad

 

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2020-04-13T13:01:21+00:00 13 abril 2020|Noticias, Noticias FSI|