“Le dije a mi hija: ‘Puedes irte, yo sonreiré por ti’; y se fue

Cristina Inés Gill, madre y mujer mastectomizada que ha aprendido a vivir a fondo.
Tengo 29 años. Nací en Barcelona y vivo en Malgrat de Mar. Soy dependienta, ahora en paro. Estoy soltera. Tengo dos hijas, Lucía (6), y Martina, que murió de cáncer con un año, hace un año. ¿Política? No mintáis, sed humanos. Creo en las personas. La vida vale más que dos pezones

 

Era una chica normal…

Con una vida normal. Trabajaba como dependienta en una tienda de ropa, vivía en pareja, tuve a mi hija Lucía…

¿Qué edad tenía usted?

Veintitrés años. Tres años después tuve a mi segunda hija, Martina…

Y todo seguía normal.

Sí, viviendo a medias.

¿A medias?

Como la mayoría de personas. Hoy… vivo de verdad, ¡estoy muy viva, vivo a fondo!

¿En qué consiste eso?

Siento que todo es fascinante, ¡todo mola!: un soplo de aire, una gota de lluvia, cada bocado… Soy copiloto de rallies: ¡impensable antes de mi bofetón de realidad!

¿Qué bofetón?

Una mañana de viernes cambiaba el pañal a Martina, le noté un bulto en el vientre, la llevé al médico: “Id a casa, tráemela el lunes, y seguimos viendo”, me calmó.

Y el lunes…

Un equipo de quince médicos me esperaba: sabían que era un tumor. Lo prepararon todo. Me habían regalado ese fin de semana… Fueron humanos: se lo agradezco.

¿Era muy grave?

Un tumor en el riñón: quimioterapia, quirófano… Entregué a diez cirujanos de Vall d’Hebron lo más valioso, a mi niña…

¿Cómo fue?

Cinco horas de operación, ¡las más largas de mi vida! A los pocos días tenía en casa a Martina, con su costurón en el vientre.

¿Cómo lo vivía Lucía, su hermanita?

Compartíamos todo, curas, biberones, risas… Implantaron a Martina en el torso un portacat, una válvula que facilita inyectar las dosis de quimioterapia… ¡y Lucía se pegó una chapa de Coca-Cola con una tirita, ja, ja!

Ya no era todo tan normal…

Cuatro meses después, duchándome, me noté un bulto en el pecho izquierdo…

Es …

Sí, tenía un cáncer de mama, y enorme: carcinoma ductal in situ estadio 4, con metástasis en ganglios y cuello, positivo en Her2.

Traducción.

Diecisiete meses de vida.

Buf.

Así me lo dijo el médico que me diagnosticó: “De ocho pacientes con lo mismo que usted, siete han muerto, y de la octava no sé nada”.

Qué bruto.

A otra esto le hubiese hundido… ¡pero no a mí! “Yo de ésta no me muero”, me convencí. ¡Iría a la guerra! Por Martina y por mí.

Se armó de valor.

Mastectomía radical izquierda, quimio y radioterapia… Y me hice vaciar el otro pecho.

¿Era imprescindible?

No, pero me negué a darle opción al cáncer. ¡La vida es mucho más que dos pezones!

¿Iba de su quimioterapia a la de su hija?

Sí, pasamos unas Navidades en el hospital, las dos calvas, y hasta Lucía se rapó…, pero estábamos juntos, y lo disfrutamos…

¿Y no pensaba: “Qué desgraciada soy”?

¿Y amargar a mi gente? ¡Nunca! Decía: “el próximo verano, ¡todos juntos en la playa”.

¿De dónde sacó tanta presencia de ­ánimo?

De mi fe en los equipos médicos y en mí misma. Paseaba por el hospital con los labios pintados de rojo, una sonrisa y falda corta. Más de una paciente se animaba al verme, y las iba a maquillar en su habitación.

¿No le criticaban?

No conozco la clave del éxito, pero la del fracaso sí: es intentar gustar a todos. Yo sólo busco mi propia aprobación.

¿Cómo evolucionaron los tratamientos oncológicos?

Me curé, al año. Fui a ver al primer médico, y le dije: “Siete muertas, pero yo estoy viva, así que puede decírselo a la siguiente paciente”.

¿Fueron en verano a la playa?

No. El cáncer se burló de la quimioterapia de Martina. Los médicos me anunciaron que preparase su final… Me la llevé un fin de semana a casa, nos pusimos los bikinis en la bañera, hicimos fotos, salimos a jugar, a mancharnos, a que nos mojase la lluvia, con su hermana, a reírnos… ¡Fue maravilloso!

Y luego…

Al hospital. Me costó…, pero aprendí a soltar. ”Mamá se queda…”, le susurré, “…tú puedes irte. ¡Yo sonreiré por ti!”. Martina suspiró tres veces y se fue. La tuve en mis brazos.

¿Cómo se lo contó a su hermanita?

Para Lucía, Martina es hoy una estrella. Salimos al balcón en su cumpleaños, y con la brisa ella apaga las velas del pastel… Y si un día llueve ¡salimos juntas a mojarnos! La muerte de Martina nos ha enseñado a vivir.

¿Qué les diría a familiares de niños con cáncer?

Ámale bien: pregúntale qué quiere hacer de su vida. No te apoderes de una vida que no te pertenece, la de tu hijo. Abrazaos, haced juntos un viaje…: ¡vivid! Y cuando ya no esté, tus lágrimas no te sabrán tan amargas.

¿Cómo se siente usted hoy?

¡Muy viva! Ya no vivo a medias. Mi hija se ha quedado en el camino… y yo lo sigo por las dos. ¡Se lo prometí! Y lo disfruto todo. Vivo por ella, como sé que ella hubiese vivido por mí. Por eso lo exprimo todo: ¡yo no pospongo vivir y ser feliz! Mañana es tarde para mí.

 

Fuente: http://www.lavanguardia.com/lacontra/20180103/434036741487/le-dije-a-mi-hija-puedes-irte-yo-sonreire-por-ti-y-se-fue.html

2018-01-08T10:34:59+00:00 3 enero 2018|Noticias|